viernes, septiembre 26, 2008
Lacan, el mago texto de Silvia Fendrik, Buenos Aires, Argentina
Tendremos oportunidad de retomar ese diálogo sobre el espìritu de la magia y la magía del espíritu no sólo en la enseñanzas de Sigmund Freud y Jacques Lacan, sino en la actual práctica de la cura analítica: una practica espiritual de la letra. La magía, la telepatía son los componentes de la transferencia no sólo en los textos clínicos de la doctrina de Sigmund Freud y de Jacques Lacan, sino que integran la practica actual del apantalle -ecranter- de la llamada transfernecia en la época donde la opacidad sexual deja lugar a otra opacidad. Tendremos oportunidad de un encuentro en México pues Silvia Fendrik nos visitará en los próximos meses y veremos de darnos la oportunidad para que la magia de los espiritus chocarreros nos permitan presentar este diálogo en México, país de los brujos, los chamanes, del realismo mágico, de Maria Sabina. Aquí los dejo en compañia de
Lacan el mago*
*Silvia Fendrik
La obra de Lacan muestra en acto su coincidencia con la afirmación de Aristóteles de que el hombre, -y por lo tanto también el hombre Lacan- piensa con su objeto. Quizás podríamos decir que sólo piensa -en el verdadero alcance de la palabra pensar, que no es repetir lo que otros dicen o repetirse a sí mismo- sólo piensa con su objeto. Grafos, matemas, letras, figuras topológicas, nudos, significantes, son los objetos de los que se vale Lacan para hacer del psicoanálisis un discurso que corre al modo del carretel, un discurso que no se detiene, porque no es un dis-currar siempre sobre lo mismo, un dis-curro de masas alienado a un ideal al que imitar –se trate de un líder o de una teoría con-sagrada. Es el sentido que podemos darle a su famosa advertencia: “ No me imiten, hagan lo que yo hago”. No hurguen en mi obra como si fueran prefectos de policía acompañados por perros amaestrados. No crean que revolviendo en todos los rincones de mi obra encontrarán lo que buscan, si lo que pretenden es que coincida exactamente con lo que tienen previamente en la cabeza. Efectivamente, sus cartas están a la vista, pero dadas vuelta, y aparecen donde no se las espera porque vuelan todo el tiempo de un lugar a otro. Lacan daba vuelta permanentemente sus cartas, sus letras, para confundir a los analistas-prefectos y lo hacía al modo del prestidigitador, del mago ilusionista que nos invita a experimentar la realidad de la ficción valiéndose de “pases” y dispositivos en cuya construcción intervienen la lógica, las matemáticas, la topología.
Por eso la enseñanza de La Carta Robada no se reduce a “no ver lo que tenemos delante de los ojos”. Lacan también habló de “la carta forzada” de la clínica en Instancia de la Letra, y sin embargo nadie, recordando o re-citando esa cita, vio allí una referencia visible, explícita, a la magia. En magia una carta forzada es la que el mago fuerza al espectador a extraer, mientras éste cree elegirla. Jugando con el equívoco español de volar podríamos decir que la carta robada también es la carta “volada”, la carta que viaja de un lugar a otro, y con eso entramos junto con Lacan en el mundo de la magia.
Pero antes recordemos que al referirse a la alienación Lacan habla del fort-da, dos fonemas que un niño (o un adulto) repetiría infinitamente como un loro sino fuera por la aparición/desaparición del carretel , el objeto que abre el camino de la simbolización. Que al ser un carretel -en su forma freudiana paradigmática- corre por las vías significantes del fort y del da y permite la ulterior sustitución por otros objetos que al aparecer/desaparecer de la vista permiten que el Otro –representado en/por el objeto- aparezca y desaparezca junto a esa parte del sujeto que aparece y desaparece en/con el objeto, inaugurando el camino para simbolizar mediante significantes la presencia/ausencia del Otro. ¿Acaso el gesto del niño al arrojar y recuperar ese pequeño objeto pronunciando sólo dos palabras, no evoca el rasgo primordial de cualquier acto mágico? El primer juego simbólico...¿un acto de magia?
Lacan por su parte “piensa” el psicoanálisis con objetos comunes al universo de la magia ilusionista. Desde el juego “adivinatorio” del par/impar en La Carta Robada, hasta los nudos en que los magos se especializan para mostrar la ilusión que produce un falso nudo y un nudo realmente anudado, -lo que parece un nudo puede soltarse con facilidad y viceversa-, pasando por los esquemas ópticos donde el objeto, sea un ramillete de flores cortado o una cabeza separada del cuerpo parecen “reales”, o la banda de Moebius donde un determinado corte produce su transformación en cuerda, o los anillos -que en magia se llaman aros chinos- que al unirse y separarse muestran sucesivos encadenamientos y transformaciones olímpicas o borromeas. Y desde luego el “pase” y el “semblant”.
La esencia de la magia es jugar con la aparición/desaparición de los objetos. Y los “objetos” del psicoanálisis lúdico/mágico que configuran la metapsicología lacaniana son los mismos que utilizan los magos en sus trucos, cuidadosamente elaborados a lo largo de años, con mucho estudio, con mucha destreza, con mucha inteligencia/pasión/dedicación, trucos en cuya construcción intervienen la física, la lógica, la matemática, la óptica, no para engañar al espectador sino para crear un espacio ficcional de ilusionismo compartido. El diccionario enseña que Ilusión proviene del latín “illusi”, ludere, jugar, y dice que la ilusión actúa cuando consideramos real y verdadero lo que sólo es simulacro o imitación de la realidad. El mago no es un médium, un brujo, alguien dotado de poderes sobrenaturales para traernos algo del más allá. (El célebre Harry Houdine iba a las reuniones de los espiritistas para desenmascarar los trucos sucios con los que pretendían engañar a la gente, [ya está anunciada un filme biográfico del gran ilusionista del escape.]) Ilusionar, hacer pases, no es lo mismo que engañar a alguien para someterlo al amo de turno. En ese sentido podemos pensar en la magia de Lacan como uno de los fundamentos de la teoría y del acto analítico que están a la vista en su enseñanza. Una enseñanza que si bien no autoriza a decir sin más que el analista es un prestidigitador, no impide sostener que también opera como tal en ese espacio psíquico magnético, -transicional diría Winnicott- al que llamamos transferencia, al hacer los pases y pasos necesarios para transformar las cartas destinantes en letras que vuelan.
Silvia Fendrik
L'article dans francaise
Lacan, le magicien, article de Silvia Fendrik
L’enseignement de Lacan montre “en acte” sa coïncidence avec l’affirmation d’ Aristote: l’homme, et donc l’homme Lacan, pense avec son objet. On dirait qu’il pense, dans la véritable allure du mot penser, c’est à dire que contrairement a répéter ce que disent les autres ou “se répéter” soi même, il pense avec son objet. Graphes, mathèmes, lettres, figures topologiques, noeuds, signifiants, sont les objets dont Lacan se vaut pour faire de la psychanalyse un discours : un discours qui circule sans arrêt, car il ne s’agit jamais de la « même chanson », d’un ensemble d’idées fixes ou con-sacrées. Voilà le sens qu’on peut donner a sa célèbre sentence : « Ne m’imitez pas, faîtes comme moi » Ne fouillez pas partout dans mon œuvre comme des préfets de police…ne croyez pas qu’ainsi vous allez trouver ce que vous cherchez, si vous vous attendez a le faire coïncider avec ce que vous aviez auparavant en tête.
En effet, les lettres de Lacan sont visibles, mais renversées, elles apparaissent là où on ne les attend pas, parce qu’elles volent tout le temps en changeant de sens ou de place. Il les retournait peut être pour confondre les analystes-préfets, a la façon d’un prestidigitateur, du magicien illusionniste qui nous invite a expérimenter la réalité de la fiction parmi des « passes » et dispositifs construits avec l’aide de la logique, des mathématiques, et de la topologie.
Ainsi l’enseignement de « La lettre volée » ne peut se réduire à ne pas voir ce qui est à la vue. Lacan parle aussi de la lettre « forcée » de la clinique dans Instance de la Lettre, mais personne, évoquant ou ré-citant cette citation y a reconnu une référence ouverte et visible a la magie. Une lettre forcée est celle que l’illusionniste utilise pour conduire le spectateur à choisir alors que ce dernier pense l’avoir choisi au hasard. Et si l’on reprend l’équivoque entre vol et vol, on pourrait dire que la lettre « volée » est aussi la lettre qui vole, qui voyage d’un endroit à un autre. Ainsi on rentre avec Lacan dans l’univers de la magie.
Mais permettez-moi d’abord d’évoquer qu’en se référant a l’aliénation, Lacan mentionne le fort-da, ces deux phonèmes qu’un enfant (ou un adulte) répéterait a l’infini comme un perroquet sans la présence/absence de la bobine, le petit objet qu’ouvre le chemin de la symbolisation. Qu’en s’agissant d’une bobine –dans le paradigme freudien- parcourt les voies signifiants du fort et du da qui donneraient lieu ultérieurement a la substitution pour d’autres objets. Objets eux aussi qui, au fur et a mesure de l’alternance parution/disparition, permettront que l’Autre, représenté par/dans l’objet apparaisse et disparaisse à la vue. S’instaure ainsi la voie de la symbolisation primordiale, c´est à dire la signification, au moyen des signifiants, de la présence/ absence de l’Autre. L’action de l’enfant qui lance et rattrape ce petit objet en ne disant que deux mots, n’évoque-t-elle pas l’essence de n’importe quelle performance illusionniste ? Le premier jeu symbolique…un acte de magie ?
Je me permets donc d’affirmer que Lacan a « pensé » la psychanalyse avec des objets propres à la magie illusionniste.
Depuis le jeu adivinatoire du pair/impair dans le comte de Poe, jusqu' aux nœuds, dont les «trucs » des magiciens permettent de donner l’illusion qu’ils sont noués alors qu’ils ne le sont pas (celui qui semble noué peut se détacher facilement et vice versa) Ainsi que les miroirs concaves où l’objet –qu’il soit un bouquet ou une tête séparée du corps semblent « réels », ou la bande de Moebius dont la coupure la transforme en corde, ou encore les ronds –appelés para les magiciens « anneaux chinois » qui montrent des transformations olympiques et borroméens successives. Ce, sans oublier la « passe » et le « semblant »
Ainsi, les « objets » de la psychanalyse ludique/magique qui composent la métapsychologie lacanienne, seraient les mêmes qu’utilisent les magiciens dans leurs trucs. Trucs préparés avec passion, intelligence, un énorme dévouement, trucs fabriqués avec l’aide de la physique, la logique, les mathématiques, l’optique. Sa finalité : créer un espace fictionnel d’illusion partagé. Car il ne s’agit pas de mensonges mais d’illusions. Le dictionnaire nous enseigne qu’illusion vient du latin « illusi » ludere-jouer et que l’illusion agit quand on considère réel un fait simulé ou une imitation (semblant ?) de la réalité.
Le magicien illusionniste n’est pas un médium ni un sorcier muni de pouvoirs surnaturels pour nous contacter avec les morts ou l’au-delà. (Le célèbre Harry Houdini avait l’habitude d’aller aux séances de spiritisme pour en démasquer l’imposture et dénoncer la supercherie. Illusere c’est le contraire d’abuser des gens pour les soumettre a la volonté du maitre.
Pour finir : je propose « la magie » de Lacan comme étant un des fondements de la théorie et de l’acte analytique tout à fait « visibles » dans son enseignement. Un enseignement qui, bien qu’il n’autorise pas plus que cela à affirmer que l’analyste est lui aussi un magicien, n’empêche pas que l‘on puisse admettre qu’il peut opérer comme tel dans cet espace psychique magnétique -transitionnel dirait Winnicott- nommé transfert, là ou il fait les pas et les passes nécessaires pour changer les lettres destinantes en lettres qui volent.
viernes, septiembre 12, 2008
Escritor suicida por Víctor Montoya
*Víctor Montoya
Esa mañana tomé la decisión de algo que tenía pensado desde hace tiempo: quitarme la vida a las doce en punto del mediodía.
Me senté en la silla del escritorio y concluí el último capítulo de mi novela, que me requirió diez años de acopio de documentos y otros tantos años de trabajo obsesivo. Cuando puse el punto final, sentí que mi vida se vació como el tintero, y con la firme decisión de enfrentarme a la muerte, que me sonreía desde el otro lado de la vida, abrí el último cajón del escritorio, donde estaba el revólver de cachas negras, cañón de metal bruñido y cilindro giratorio, cuya recámara múltiple tenía un solo cartucho en el eje, listo para ser vaciado de un tiro. Por un instante contemplé la maravilla y el peligro de ese arma que me regaló mi padre la noche en que ocurrió ese suceso que iba a cambiar el curso de mi vida.
Levanté el revólver, alargué el brazo y, poniendo el ojo en el punto de mira, lo paseé por el cuarto; pero donde ponía la mirada, mi alma no encontraba más que un vertiginoso abismo de soledad y desesperanza. Entonces, abandonado de mí mismo, recogí el brazo y puse la boca del cañón contra mi sien. Quité el disparador, apreté el gatillo y... ¡PUM!!!... El impacto fue tan fuerte que, luego de sacudirme en el aire, me tumbó boca arriba. La sangre saltó a raudales y el olor de la pólvora impregnó el cuarto, ese cuarto que tenía el techo bajo y las paredes atestadas de libros, una puerta que daba a la calle y una ventanilla por donde se calaba un aire tan frío como la muerte.
Pasó el tiempo y nadie indagó por el vacío que dejó mi ausencia, hasta que la policía me encontró tumbado en medio de un círculo de sangre seca, los sesos destapados y el revólver todavía en la mano, el cuerpo deformado por la obesidad y la barba apelmazada donde los bichos hicieron su madriguera.
La policía, sin salir del estupor, constató que yo, en mi condición de escritor suicida, había dejado un montón de papeles sobre el escritorio y una nota que decía: Nadie llore sobre mi cadáver ni deposite flores en mi tumba. Todos sepan que murió un hombre que no pudo encontrar la felicidad sino a través de la muerte...
Cuando la noticia saltó a la prensa: Escritor suicida se quitó la vida a las doce en punto del mediodía..., los lectores se enteraron de que el protagonista de mi novela, hecho de realidad y fantasía, tuvo un desenlace más feliz que mi vida.
Del libro “Cuentos en el exilio”, Ed. Baile del Sol, Islas Canarias, 2008
viernes, septiembre 05, 2008
domingo, agosto 31, 2008
Seminario: El suicidio, el suicidio del objeto...

Fundap Editorial, Colección Psicología y psicoanálisis, diálogos y el colectivo El sabo/r del psicoanaálisis le invitan a participar en el Seminario:
El suicidio, el suicidio del objeto: Cuadros clínicos, trazos teóricos
que impartirá Alberto Sladogna, analista de la Elp
[Freud indica] no se qué decepción que no sabe definir ¿Qué veremos nosotros allí para un objeto tan velado, marcado, oscuro? Estos no son ninguno de los trazos de un objeto, que no se ve, a cual el sujeto se puede tomar; si nosotros lo seguimos, nosotros analistas, podemos identificar alguno a través de lo que él apunta, a saber, sus propias características: "no soy nada, no soy más que…" Subrayen que no se trata jamás de la imagen especular... [El melancólico] está en el dominio de la auto-acusación, en el dominio del simbólico, incluido allí el tener: está arruinado. ¿Esto no es para ponerles en la vía de algo? No hago más que indicárselo hoy, señalándoles un punto específico que, con relación a estos dos términos de luto y melancolía, marca a mis ojos, al menos por el momento, un punto de ayuda, de concurso, de conjunción. Este punto de conjunción no es el del duelo ni el de la depresión en el sujeto por la pérdida de un objeto, sino una cierta clase de remordimiento -en tanto que él es- desencadenado por cierto tipo de desanudamiento, que nosotros señalaremos, ser del orden del suicidio del objeto.
Este enigmático suicidio del objeto, se muestra en la vida cotidiana como un cuadro, es una pintura, su boceto no se presenta ni se realiza sin la presencia y participación del analista. Estudiando este singular suicidio será conveniente leer, revisar, discutir y dialogar sobre las formas y las estructuras del lenguaje de un elemento clínico de la teoría: el objeto en el análisis ¿De qué se trata? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Tendrá una sola? ¿Cuál será el impacto clínico para los “sobrevivientes” de ese suicidio del objeto en la cura? Quizás su estudio nos permita acortar la excesiva distancia entre las “formulaciones teóricas” y la vida cotidiana que nos toca vivir. Freud en eso pinto el boceto: escribía dirigiéndose a las personas de carne y hueso.
Sigmund Freud:
Sobre un tipo especial de la elección de objeto en el hombre (l910) Obras Completas, Amorrortu Editores Tomo XI, argentina 1976.
Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicógenas de la visión 1910 Obras Completas Amorrortu Editores Tomo XI, argentina 1976.
Contribuciones para un debate sobre el suicidio,1910 Obras Completas Amorrortu Editores Tomo XI, argentina 1976.
Jacques Lacan:
Seminarios orales
El deseo es su interpretación, del 14/0371959
La transferencia en su disparidad subjetiva, su pretendida situación, sus excursiones técnicas, sesión del 28 de junio de 1961
La angustia, sesión del 3 de julio de 1963 y la sesión del 26 de julio de 1963
El fracaso del Un-desliz es el amor. A la manera del seminario oral de Jacques Lacan, 1976-1977, sesión del 16 de noviembre de 1976.
De nuestros antecedentesEscritos 1, Ed. Siglo XXI, 1975
Cuadro escrito:María Gutiérrez Zúñiga: El caso de un parricidio acaecido el día del padre, en Guadalajara, Jalisco, México: http://www.clinicadoctrina.blogspot.com
Sesiones: Sábado 20 de septiembre de 9:00 a 15:00 hrs.
y sábado 04 de octubre de 9:00 a 15:00 hrs.
Lugar: Museo de la Ciudad, Querétaro, Querétaro
Costo: Público en General $1000.00
Estudiantes $800.00
Informes e Inscripciones en la ciudad de Querétaro:
Psicoanalista Carmen Cuéllar Zavala 442 2075190
Psicoanalista Andrés Velazquez Ortega 442 1562152
Psicoanalista Betzaved Palacios 442 1692515
Psicoanalista Lucia Cuéllar Torres 3 411808
martes, julio 08, 2008
María Gutiérez Z.: "Ser padre" en el marco de las nuevas leyes de la ciudad
El pasado 16 de junio, apareció en el periódico MURAL, una nota inquietante acerca del modo singular en que un padre, -habitante del mismo municipio zapopano en el que yo también vivo-, tuvo para pasar la celebración del día anterior. Asesinó a su par de pequeñas hijas de dos y tres años de edad, respectivamente. Luego, intentaría suicidarse. A partir de ello, trataré de efectuar un estudio de lo que ese acto nos propone y nos dice a los analistas y al psicoanálisis.
La cuestión en torno a saber qué es “ser padre”, probablemente sea una de esas preguntas que cuando nos son planteadas de repente, nos hacen trastabillar, intentando recurrir inútilmente a los lugares comunes; y es que en realidad, para ellas no existen respuestas formuladas de antemano. Quizás no abuse al decir que Sigmund Freud aludía a esta dificultad, cuando en 1937 declarará a la educación, como una de las “profesiones imposibles”, junto con la del gobernante y la del psicoanalista. Mas -como por otra parte dirá Jacques Lacan- esa imposibilidad será precisamente la que sostenga el lanzamiento de su realización.
No obstante, siguiendo cierto movimiento cultural compartido en el mundo occidentalizado y posmoderno, la polis en el México actual, avanza en sugerir y proponer ciertos lineamientos en lo que se refiere a lo que “le toca”, a manera de una tarea por asignación, hacer a un padre, por la vía legislativa. Por citar un ejemplo reciente, hace unos días aparecieron en la prensa periodística, las nuevas modificaciones que se están llevando a cabo en la Ley Federal del Trabajo, a partir de las cuales, el trabajador tendrá derecho a ciertos períodos de asueto a propósito del nacimiento o adopción de sus hijos, en vistas a que participe y colabore en el cuidado de los mismos junto con la madre, particularmente durante el tiempo de la lactancia. En ese sentido también, podrá hacer coincidir su período vacacional con el marcado por el calendario escolar de sus descendientes.
Sin tener que evaluar en este momento, si esto es “bueno” o “malo” en sí mismo, puesto que se trata de datos que ya están ahí, la cuestión a ver será la manera en que éstos últimos plantean efectos que trastocan formas antes vigentes de producción de las subjetividades y de conformación de las sociedades. Es decir, situaciones de la vida privada cotidiana, ligadas a la manera como un padre ejercía o no una función frente a un hijo, y que anteriormente se estructuraban y enfrentaban bajo criterios tales como la disposición personal, la mezcla de tradiciones, costumbres, posibilidades y recursos propios de los miembros de cada pareja y grupo familiar, inscritos dentro de una cierta comunidad -que cierta e irremediablemente, han sido objeto de tensiones, conflictos y negociaciones- ahora aparecerán de entrada reguladas desde el Estado y a través de un contrato laboral.
¿Qué implicaciones tendrá ese desplazamiento de la experiencia – como lo planteará el filósofo italiano Giorgio Agamben- y de la vigencia de criterios subjetivos, indudablemente azarosos, pero a partir de los cuales, es que eventualmente un progenitor puede sostener y hacer viable una liga con su descendencia?
Tratar de “escuchar” lo que se presenta ostensivamente a través de estos casos de nuestro presente más inmediato, instaurados a partir de actos extremos e irreversibles como el que se relata al inicio de este texto, -manifestaciones de la desgracia que también ocurre en nuestra ciudad-, quizás presente la posibilidad de no dejarlos aislados o a la deriva del mismo abandono y desamparo en que, paradójicamente, fueron llevados a cabo. Estos casos nos permiten, eventualmente, sacar consecuencias que nos conciernen de diversos modos, pues habrá algo suyo que reverbera y no podremos considerar “resuelto”, una vez que las autoridades y la ley los toma por su cuenta, para imponer la sentencia penal que les corresponde.
Veamos, pues, lo que nos plantea textualmente este caso, siguiendo la crónica del periódico, escrita por el reportero Jorge Ocegueda. Los progenitores de esas dos niñas estaban separados desde hacía tiempo, y en ocasión de los desafortunados acontecimientos, la madre las había dejado en casa de su padre y a cargo de él, desde la noche del viernes anterior. Se nos dice que entre 10 y 11 de la mañana del domingo 15, la señora habría hablado telefónicamente con sus hijas, “quienes le dijeron que estaban felices”.
Esta última frase, llamará la atención, pues no pareciera concordar con una formulación propia de niñas tan pequeñas, sino más bien la sugerida por alguien mayor. Sin embargo, inevitablemente surge la cuestión siguiente: ¿Habría habido algún tipo de intercambio entre los ex- esposos en ocasión de esa primer llamada, que marcara un antecedente o una señal sobre lo que el padre llevaría a cabo poco después? La crónica sólo revela que posteriormente a esa llamada, la madre volvería a marcar telefónicamente, sin lograr comunicarse ¿Ese segundo telefonema fallido era el resultado de que algo la habría inquietado en relación al primero? Posteriormente, la señora recibirá un mensaje por parte de su ex – pareja, advirtiéndole lo que había hecho con sus hijas. Cabe señalar cómo lo que resalta en este relato, -y no necesariamente como una omisión de quien redactó la nota periodística, sino revelador de cómo se fue estructurando colectivamente la versión misma-, es la forma como aparece completamente ausente el tipo de relación y de interacción que entre estos dos padres prevaleció y antecedió a los tristes acontecimientos que ya conocemos, y que por lo que se sabrá enseguida, muy probablemente habrá sido crucial.
Alrededor de las 3 de la tarde de ese domingo, la madre llegaría al departamento donde vivía su antes marido, y efectivamente, encontraría la escena de la tragedia consumada. En la mesa del comedor, habría un mensaje escrito: “Esta situación para mí ya es demasiado, no puedo… tuve que mentir siempre tratando de evadir la muerte.” Diría, además, según la crónica de prensa, que de “esa manera ya no le estorbaría, pero que se llevaba a las niñas, y que para la siguiente se fijara mejor en la persona a la que escogiera de pareja”. Era la tarjeta de dedicatoria de un acto, que explicitaba a quién había sido dirigido.
En una nota también del periódico MURAL de Guadalajara, aparecida al siguiente 18 de junio, y firmada esta vez por Israel Piña y Santiago Vega, el dato de las edades de las niñas, ha sido modificado: tenían 3 y 4 años de edad. Además, se nos enterará de que estando el hombre hospitalizado, habría declarado a las autoridades y reconocido su responsabilidad, reportando que desde el mes de noviembre del año anterior, y tras haberse separado de su esposa, ya habría pensado en el “parricidio”. Dicha declaración incluirá una cuestión clave, que nos será indicada por la crónica: “dijo que lo perpetró (su crimen) porque su esposa, de quien se separó hace tiempo, sólo lo quería de niñera”.
Apegándonos a lo planteado por estas breves líneas, escasos indicios del caso, y evitando emitir cualquier clase de juicio de valor hacia ninguno de quienes se vieron involucrados y radicalmente afectados por estos hechos, -dado que el caso en sí, estará completamente atravesado por ellos-, la ausencia que se ha percibido al principio del primer relato, parece ahora ser compensada. A partir de la nota que ese hombre escribió a quien fuera su mujer, y de la ulterior declaración de él ante el ministerio público, hace saber que venía de contener por varios meses su crimen; su aludida “mentira” habría sido no llevarlo a efecto antes, tal vez jugando la apuesta de encontrar alguna otra salida que nunca vio, algún apoyo o motivo para poder seguir... intentando “ser padre”, ahí donde era convocado a “ser niñera”.
Por cierto que este último término alude a quien se ocupa de unos niños por encargo, de modo que su utilización por parte de este sujeto, dejará entrever por lo menos dos cosas. Por una parte, que para él había una diferencia nada trivial entre: el “te toca”, propio de una tarea asignada desde afuera, y su relación de padre con sus hijas. Y, por otra parte, dado lo ocurrido, que él no había tenido condiciones para conciliar la tensión entre estas dos formas de vérselas cotidianamente con dos niñas pequeñas ¿Es que su relación paternal había quedado finalmente cautiva, sofocada entre las redes de ese rol de cuidador, de tal forma que en los últimos meses, su singular acto de amor hacia sus hijas, habría sido mantenerlas vivas mientras estaban a su cargo, protegiéndolas de él mismo y desviando el destino previsto por una solución final? ¿Es que atrapado, avasallado, su último gesto de resistencia frente a tal imposición sin alternativa, habría sido precisa y paradójicamente, imponer la muerte a todo aquello que sustentaba su “ser” de padre, finiquitando un lazo, destruyendo su propia progenitura y tachándose a sí mismo con dos puñaladas en el abdomen?
En efecto, el hecho de que un sujeto haya tomado precisamente el tercer domingo junio para realizar ese acto, implicará haber recurrido a un plus para hacer saber a la sociedad a la que pertenece, de un modo que tal vez no podría ser más enfático, el carácter insoportable del ejercicio de su paternidad, la condición de imposibilidad en que ésa se llegó a plantear en el contexto de su experiencia ¿Podría decirse que operó como una especie de kamikaze lanzándose contra el calendario de celebraciones a propósito de la familia en nuestra cultura, enlutándolo –como dirá la crónica de Ocegueda- averiándolo, o tal vez también señalando que hay algo en ella que no funciona? Así, la forma que nos habrá dejado para recordarlo, independientemente de que hoy su cuerpo aún palpite, será la del suicidio de un padre en su día. De ahí la pertinencia del uso del término legal “parricidio” en este caso, pues si bien ha perdido su anterior especificidad que aludía al “asesinato paterno”, -y hoy es utilizado de manera indistinta en referencia a los crímenes homicidas cometidos al interior de relaciones de parentesco-, lo que en ese acto fue muerto, de acuerdo a lo que su dedicatoria escrita manifiesta, fue el “ser de un padre”, que se llevó entre los pies las vidas de una niñas. ¿Finalmente a qué suerte de cautiverio, a qué tiranía buscó este sujeto, mediante su inmolación, asestar tan duro golpe y conmover?
Será en este sentido que habrá un aspecto sobre el cual interesa insistir, a partir de lo que habrá quedado asentado en la declaración oficial de este sujeto en cuestión. El dato en torno a que la idea de ese crimen fuera concebida en noviembre del año anterior, y se llevara a cabo hasta el junio siguiente, permite ver que por más monstruoso que aparezca, fue un acto humano, inscrito en el lenguaje, que tuvo su momento de discernimiento, es decir, su tiempo de preparación y latencia… ¿Sería factible pensar que durante dicho intervalo, ese “padre en peligro”, habría emitido a otros alguna señal, de súplica o de advertencia, que no pudo ser escuchada o no tuvo lugar?
Si eventualmente esto ocurrió así, lo que aquí se trataría de plantear es que tal falta de atención tiene un carácter socialmente compartido. En efecto, las ya aludidas transformaciones culturales planteadas por la posmodernidad, nos han vuelto cada vez más sordos al registro de voz procedente de aquello humano que se niega a ser reducido al mandato de la polis neoliberal, de “que todo marche bien”, y a la insaciable y aplastante tiranía de un mercado “promotor de la felicidad familiar”. Esa resistencia busca hacerse oír bajo distintos tonos y gestos, pero cuando finalmente se agota, puede estallar en un funesto pasaje al acto, que sólo entonces recibirá la mirada asombrada de la ciudad y los medios, pero que, desgraciada y generalmente, llegará demasiado tarde.
Quizás lo que este caso nos deja para pensar, es que el paulatino desdibujamiento de la experiencia humana en nuestro contexto actual, -entendida ésta como aquello propio de los sujetos, que se comunica y se tramita entre ellos mismos, ese lazo social que se tiende y funciona “en corto”-, no está ocurriendo sin al mismo tiempo estar conllevando serias consecuencias, que conviene advertir. Dicho desdibujamiento no puede ni podrá ser reparado mediante el solo recurso al avance de las legislaciones y de los derechos ciudadanos. Si bien no cabe duda de que éstos son importantes, todo indica que no pueden operar impostadamente, sin ser subjetivados; es decir, sin tejerse artesanalmente, cotidianamente, en la trama misma de lo que mueve a las personas, y de las relaciones entre ellas, ahí donde las responsabilidades pueden cobrar un sentido vivible, siendo anudadas al humanizante juego del deseo.
María Gutiérrez Zúñiga.
Psicoanalista.
mariaguzu@gmail.com
Zapopan, Jal., 28 de junio de 2008
viernes, junio 27, 2008
"La mujer barbuda" por Víctor Montoya, literato boliviano

La mujer barbuda, que responde al nombre de Magdalena Ventura, llegó a Nápoles procedente de Acumulo (región de los Abruzos). El duque de Alcalá, por entonces Virrey de Nápoles, impresionado por su aspecto de extremo hirsutismo, encargó a José Ribera inmortalizarla en una de sus pinturas en 1631. El pintor, consciente de haber encontrado el mejor motivo de su vida, echó mano a la paleta y los pinceles, y la retrató delante de su marido y junto al niño en pañales aupado en sus brazos. No se sabe con certeza si el niño era suyo, pero sí el dato de que esta mujer, según indica la inscripción pintada en el ángulo inferior izquierdo del cuadro, se dejó crecer la barba a los 37 años de edad. De seguro que desde entonces, al mirarse cada mañana ante el espejo, se llevaba las manos sobre el rostro y exclamaba: ¡Oh, madre mía! ¿Qué hice yo para merecer este castigo?
Esta pintura renacentista, que forma parte del Museo Tavera en Toledo, es una magnífica representación de la rareza humana, una obsesión compartida por los señores de las cortes y los pintores de gran maestría y talento, como fue el caso del “Españoleto” José Ribera, reconocido por su estilo basado en violentos contrastes de luz, un denso plasticismo de las formas, un gran detallismo y una propensión a la monumentalidad compositiva; virtudes que se aprecian en esta espeluznante pintura, donde la mujer barbuda, de frente amplia y mirada serena, tiene los bigotes al ras del labio y la barba crecida hasta el naciente de los senos. El niño de pecho, que yace en las manos robustas y velludas, parece rehuir con aversión instintiva el pezón de la mujer barbuda, cuyo esposo, retratado en segundo plano por disposición del artista, emerge de las sombras con el rostro demacrado, como quien, por imposición ajena a su voluntad, deja revelar el secreto íntimo de su amada.
Esta mujer barbuda, sin lugar a dudas, sufrió lo indecible en el fondo del alma y maldijo la hora en que fue concebida, como la célebre Olga Roderick, quien, a pesar de haberse casado tres veces y haber dado a luz a dos niños, acabó su vida en una empedernida bohemia, tras haber sido exhibida en circos y películas como una “monstruo incomparable”. Lo mismo sucedió con la mexicana Julia Pastrana, primero sometida a la indagación de los hombres de ciencia y luego a la curiosidad de un público que la tenía por fenómeno natural. Julia era de sentimientos nobles, pero hirsuta de pies a cabeza, un perfecto híbrido entre humano y orangután. No es casual que su uniceja, bigotes, patillas y barba, se hayan convertido en recursos rentables en manos de un empresario artístico que, además de contraer matrimonio con ella, la exhibió por medio mundo como a su peluda cónyuge, hasta que en 1859, estando de gira por Moscú, Julia Pastrana descubrió que estaba embarazada. El 20 de marzo de 1860 vino al mundo, por apenas 35 horas de vida, su único hijo varón. Ella murió al quinto día del parto. Al caer el telón tras el trágico final, los cadáveres, por ordenes expresas del esposo y apoderado, fueron momificados y rematados a la Universidad de Moscú.
La mujer barbuda, por lo menos hasta principios del siglo XX, se ganaba el pan diario en los circos ambulantes que iban de pueblo en pueblo, donde se la presentaba entre bombos y sonajas: ¡Venga usted, diviértase, admírese! Conozca las desgracias y las miserias de nuestros monstruos. Contemple usted a la auténtica, la genuina, la increíble mujer barbuda y, si se atreve usted, por un par de monedas más podrá tocarle la barba y conversar con ella. Observe usted no a la mujer sirena, no a la mujer más gorda. ¡No! Vea usted, con sus propios ojos, a la mujer barbuda. Sí señor, oyó usted bien, la mujer barbuda; aquélla que por una maldición divina que cayó sobre su madre, tuvo la desgracia de nacer como el orangután...
Así, al lado del contorsionista que tocaba el violín con el pie y el malabarista que hacía proezas sobre el lomo del caballo, estaba la mujer barbuda. Ella constituía la pieza clave de un circo clásico, con olor a boñiga de elefante y orín de tigre; ella encarnaba el horror, el suspenso y la monstruosidad; ella era la principal atracción del circo. Por eso el público, a la hora de enfrentarse al espectáculo estelar, se llevaba las manos sobre la boca y los ojos, mientras en la carpa se alzaban voces de admiración y espanto: “¡Ah!... ¡Oh!... ¡Uschh!..”.
Cada época imaginó sus propios monstruos. Las leyes de la naturaleza y la ciencia instauraron los límites más allá de los cuales el exceso desbordó en mostrar fenómenos naturales. Por eso la mujer barbuda, soportando una suerte de desprecio colectivo, pasó a simbolizar las deformidades, desviaciones, gigantismos, enanismos y otras anomalías. Su aspecto físico no sólo suscitaba escándalos y controversias, sino que fue incorporado a las representaciones y ficciones en las diversas artes, llegando incluso a conformar géneros literarios o cinematográficos que la tenían como figura central.
Durante la Inquisición, la mujer barbuda fue comparada con la bruja, de quien se decía que representaba las pasiones y los instintos reprimidos por el mundo masculino. Claro está, si era tan grande el desprecio, entonces es lógico deducir que esta mujer, retratada con impactante realismo por José Ribera, sufrió los miramientos de su entorno y las presiones sociales de su época, obligándola a vivir recluida entre las cuatro paredes del hogar, donde el único que la miraba a la luz de las candelas era su legítimo marido, ese hombre que encontraba la magia de lo sensual en las zonas pilosas de su mujer, quien, desnuda sobre las pieles de la alcoba, era diferente a las muchachas que, a fuerza de pinzas, navajas y ceras, se depilaban el cuerpo hasta quedar peladas como las crías de una rata.
Una parte de la literatura inquisitorial retrató a la santa barbuda como un reflejo de misoginia. Las mujeres consideradas malignas estaban sintetizadas en la expresión: “demonio de mujer”. No pocos exploraron el personaje mítico de la mujer barbuda, como expresión del travestismo, para indicar “un doble no deseado para la mirada masculina”; más todavía, algunos señalan que la mujer “masculinizada” ocupó un espacio importante en la hagiografía cristiana, a través de la hembra disfrazada de hombre en conventos y mediante la adquisición de abundante pelo que neutralizaba el apetito sexual masculino.
La mujer barbuda, que en esta pintura provoca un vértigo entre lo real y lo imaginario, es un caso extremo de hirsutismo, un fenómeno natural que llama la atención de la mujer lampiña y provoca la envidia del hombre imberbe; de ese hombre que, desde los umbrales de su pubertad, abrigó el sueño de lucir una hermosa barba al estilo de Marx o Engels.
Por lo demás, el tema tabú del pelo en la mujer ha llegado a tal extremo que hoy es repugnante que alguien tenga zonas pilosas. Quien opine lo contrario debe abstenerse por temor a que lo tilden de perverso y asqueroso, así le fascinen las mujeres que ostentan abundante vello allí donde se los puso Dios.
viernes, junio 06, 2008
Seminario, El cuadro de la identificación: las mujeres barbudas


Seminario:
El cuadro de la identificación: Las mujeres barbudas*
*Alberto Sladogna, analista, un miembro de la Elp, sladogna@gmail.com
La identificación es un tema recurrente en la clínica doctrinaria del análisis debido a un hecho: el analizante se ocupa de él, lo presenta, lo muestra, lo cuestiona, lo interroga en el curso de una cura analítica. El analizante despliega esa labor, entre otras cuestiones, para encontrar vías que le permitan alojar un deseo que en ciertas situaciones las “identificaciones” obstaculizan. En particular cuando se trata del amor.
Freud subrayó con insistencia el componente amoroso y erótico de cada identificación e indicó que:” En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social”. La identificación es un mecanismo subjetivo de armado en relación con el Otro, con los otros, es decir, la identificación es social. Entonces, nos preguntamos y preguntamos ¿Cómo se produce esa articulación “individual” de lo social? Sabemos que hay identificaciones e identidades, ¿Cómo es que se llevan a cabo?
La identificación tiene varios componentes: un cuerpo, una imagen del cuerpo, un objeto y el campo de los otros – los padres, los tíos, los vecinos, las grandes figuras nacionales, etcétera- y además otro elemento, la incógnita del analista cuando se trata de un análisis.
Estudiaremos estos elementos desplegando una lectura clínica de la teoría: estudiar un cuadro –feliz expresión de Jean-Louis Sous; un cuadro que nos ofreció el literato boliviano Víctor Montoya: La mujer barbuda, Magdalena Ventura inmortalizada por el pintor José Ribera en 1631. Veremos los avatares de una mujer mexicana, Julia Pastrana, quien se paseo por el mundo como un “hibrido maravilloso”. El director Marco Ferreri se inspiró en Julia para realizar en 1964 “La donna scimmia” (presentada en castellano con el título de “Se acabó el negocio”), filme protagonizado por Ugo Tognazzi y Annie Girardot. Ello dio lugar a un género literario, circense, teatral y cinematográfico: freak, extraño, rarito, extravagante y/o estrafalario. El análisis, su cura y su objeto, el analista, suelen recibir el calificativo de extraños, de extravagantes, de raritos.
Se trata de estudiar cómo se construye el trazo del cuadro de la identificación para lo cual tendremos de nuestro lado, un seminario oral de Jacques Lacan, 1961/1962: La identificación, así como el despliegue singular de los trazos de otros dos cuadros, como se dice “un cuadro clínico”: se trata de Santa Ágata y Santa Lucia pintadas por Francisco de Zurbarán, pintor barroco español. Esos cuadro permiten estudiar una pareja erótica singular: el sacrificio del martirio y el martirio del sacrificio como prenda de amor, sea en su vertiente S/M, sea en el terreno de la amistad de la cura analítica que suele llamarse “amor de transferencia”. Amén de mostrar la caducidad de la asunción de la imagen en el estadio del espejo.
“GASTOS”: Cada asistente entregará una aportación económica de acuerdo a lo que considere.
Fecha: Sábado 21 de junio del 2008. Horario de 9,30 a 13,30hs y del 16,30 a 19,30 hs.
Lugar: Av. México # 194 Col. Hipódromo Condesa, México D.F. C.P. 06100 Tels. 55-53-03-13, 52-86-41-04.
Bibliografía: Estos textos están destinados a que las diversas intervenciones del público encuentren allí un apoyo
Judith Butler:
Lenguaje, poder e identidad, Biblioteca Nueva , Madrid, 2005
Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo”, Paidos, 2005, el capítulo: El falo lesbiano y el imaginario morfológico
El grito de Antígona. El roure Editorial, Barcelona, 2001
Sigmund Freud:
La dinámica de la transferencia – 1912;
Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico -1912
Psicología de las masas y análisis del Yo, 1921 en particular, el capítulo: La identificación;
Jacques Lacan:
Escritos 1, Editorial Siglo XXI, 1975, artículos: “El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”; “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada; Intervención sobre la transferencia”;
Escritos 2, Siglo XXI, 1974, articulo: Posición del inconsciente
Seminario oral 1961/1962, La identificación, en particular las sesiones del 20 de diciembre de 1961; sesión del 10 de enero de 1962;y la sesión del 27 de junio de 1962;
Seminario oral, 1962/1963, La angustia: sesión del 6 de marzo de 1963; sesión del 13 de marzo de 1963
Seminario oral 1975/1976, El Santhóma, sesión del 9 de marzo de 1976.
Clément Rosset, El objeto singular, Editorial Sextopiso, México, DF, 2007
Georges Roque, Qu’est-ce que l’art abstrait?, Folio Essais, Gallimard, 2003
jueves, mayo 01, 2008
El cuerpo, el deseo, el objeto causante de un deseo. El deseo de la transexualidad
a cargo de Alberto Sladogna, analista,
un miembro de la elp
Proponemos una actividad en un terreno acotado: el territorio de la clínica doctrinaria del análisis, es decir, efectuar una lectura analítica de los textos de Sigmund Freud y Jacques Lacan. En este seminario nos proponemos estudiar el cuerpo y el objeto causante del deseo que aparecen en la cura del análisis tal como los muestra la “teoría” psicoanalítica. Lo haremos a la luz de nuestra actualidad del 2008, y situados en México, tierra de las soldaderas, de las Adelitas, de las muxe’s, del "macho menos" y de otras presentaciones del cuerpo. El cuerpo que arriba a un análisis ¿será un dato “natural”? ¿Qué es lo “natural” en la doctrina analítica? ¿Es posible seguir sosteniendo ante la caducidad del Estadio del espejo –versión 1949- que el cuerpo es sólo el imaginario especular? ¿Será así, de manera obligada en la experiencia?
Sigmund Freud avanzó algunos pasos respecto de estos temas al sostener que “La anatomía es el destino” en Sobre una degradación general de la vida erótica (1912) y El ocaso del complejo de Edipo (1924) ¿Cuál es alcance, hoy de tal afirmación, momentos en que los llamados “neuróticos”, “psicóticos” y “perversos” disponen de medios desiderativos, eróticos, que acompañados de elementos científicos y tecnológicos, les ofrecen la posibilidad de modificar su cuerpo? Entonces, interrogaremos el alcance del término “destino” en la doctrina del psicoanálisis.
En el curso de una presentación de “enfermos” Lacan efectuó la siguiente intervención:
Escuche, cuate, usted tiene, a pesar de todo, barba en el mentón y ante eso no puede nada. [¿Sugestión? Sí, ciertamente, y que intenta conducir al interlocutor a su impotencia .Cfr. La definición lacaniana de la impotencia: un poder no.][1]
Quizás más tarde, en una fecha cercana a esa “presentación”, Jacques Lacan recuerda la interrogación lanzada por el literato Cazzote: “Che voui?” Y allí afirma lo siguiente:
El cromosoma y su combinación, XX, XY, XX, esto no tiene absolutamente nada que ver con aquello que se llama las relaciones del hombre y de la mujer. Conviene partir con esos dos términos y con los plenos sentidos; es muy extraño los tímidos ensayos que la gente hace para pensar en el interior de los marcos de cierto aparato que es el de la institución psicoanalítica, uno se da cuenta que no todo está reglamentado… allí, ellos se dan cuenta de esto, por ejemplo: no se espera para nada la fase fálica para distinguir a una niña de un niño. Les señalo algo que se llama Sex And Gender, está en inglés. Es de alguien llamado Stoler [Robert]. Es muy interesante leerlo desde dos puntos de vista, en principio porque eso se da sobre un tema importante, el de los transexuales, un cierto número de casos muy bien observados con sus correlatos familiares. Ustedes saben quizá que el transexualismo consiste precisamente en un deseo muy enérgico de pasar por todos los medios al otro sexo, aunque fuese haciéndose operar, cuando se está del lado masculino. Este transexualismo con las coordenadas que allí están, les hará aprender muchas cosas, porque son observaciones por completo utilizables.
Lacan sostendrá (1971) que en la transexualidad existe un deseo y además que estudiar esas experiencias puede arrojar enseñanzas para la doctrina del psicoanálisis, entre otras cosas sobre un objeto singular: el falo. Un objeto que no es ajeno al tema del deseo y al objeto que causa el deseo. El falo adquirió estatuto doctrinario pues Lacan le dio albergue en la clínica de su doctrina. Esto requiere estudiar la extraña vacilación que recorre al falo en esa enseñanza: hay momentos donde el falo es sólo simbólico, hay otros momentos en que el falo es un elemento del imaginario, hay otros momentos donde lo coloca como vecino del objeto “a”, objeto causante del deseo, luego, poco a poco, como lo reveló un estudio de Guy Le Gaufey[2]: se pasa de “el falo”, un sustantivo, a “la función fálica”, un adjetivo.
Con este horizonte leeremos otra constatación de Lacan:
La noción de pareja, de pareja coloreada, está ahí para sugerir que en el sexo no hay nada más que, diré, el ser del color, lo que en sí sugiere que puede haber hombre color de mujer, diría, o mujer color de hombre.
Aquí Lacan se revela como un hablante del español de México pues ubica a los sexos en términos de “darse color” ¿De qué color es la identidad cuando interrogamos la supuesta “naturalidad” del cuerpo, del deseo y del objeto causante del deseo? Estos interrogantes surgen cuando se estudia de cerca algunos casos de “trans…”: de Santa Ágata, de Santa Lucia, de otra mujer un poco menos santa, Magdalena Ventura, de Olga Roderick y las experiencias del cuarteto “obligado” compuesto por Briant, Bruce, Brenda y David. El seminario consistirá en la lectura temporal y ritmada de los elementos de la clínica de la doctrina, del cuadro[3] clínico –cómo se dice “Un cuadro de Kandinsky” -.
FECHAS Y HORARIOS:
Viernes 16 de Mayo de 15:00 a 19:00 hrs. y Sábado 17 de Mayo de 10:00 a 13:00 hrs.
LUGAR:
Auditorio de la Librería del Fondo de Cultura Económica Av. Francisco I. Madero Oriente 369, Centro (junto a Of. Correos).Morelia, Michoacán
Honorable/honorario: Participación, Se da un horizonte mínimo de $150 para solventar, en forma compartida los gastos (salón, hotel, traslado). Luego cada asistente de manera honorable donará de acuerdo a lo que considere ha recibido por cada sesión del seminario.
INFORMES E INSCRIPCIONES:
Raymundo Rangel Guzmán
rrgqro@yahoo.com.mx
raymundo.rangel@gmail.com
Noemí Ibarra Alvarado
nahomi19@gmail.com
Tels: (443) 164 6112 (Cel.); (443) 133 5083 (Cel.); 319 8033 (Part.)
Depósito a la Cuenta Banamex No. 807-8135914, a nombre de Noemí Ibarra Alvarado.
(Enviar por e-mail copia de ficha de depósito)
LECTURAS PARA EL SEMINARIO:
Conviene tomar nota de un elemento no visible en los textos doctrinarios citados en este argumento: cuando ellos provienen de un autor que ha escrito en otra lengua, en una lengua distinta al español o castellano, entonces, el lector lee la obra (excelente, muy buena, buena, mala o pésima) del traductor, quien opera como el “autor” del texto en español o castellano. Así las citas de este argumento, por ejemplo, que no tienen un autor mencionado son citas fabricadas “a la manera de…” por Alberto Sladogna. El lector si tiene condiciones tendrá acceso a la lectura de los textos en la lengua de “origen”
J. L Etcheverry en Freud, S. Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente, Obras Completas Vol. XII, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1976.
Enrique Berenguer en Lacan, J. Seminario oral, 4. La Relación de Objeto, Ed. Paidós, Sesión del 3 de abril de 1957.
Enrique Berenger en Lacan, J. Seminario oral, 10. La Angustia, Ed. Paidós, Sesión del 13 de marzo de 1963.
Alberto Sladogna citando a la manera de Lacan, J. Seminario 18. De un discurso que no sería de la apariencia, Inédito, Sesión del 20 de enero de 1971.
Alberto Sladogna citando a la manera de Lacan, J. Seminario oral, 19. …O peor, Inédito, Sesión del 8 de diciembre de 1971.
Tomas Segovia en Escritos 2, J. Lacan “Posición del inconsciente”, Ed. Siglo XXI.
[1] Cito aquí a Marcelo Pasternac y Nora Pasternac en “Jean Allouch, 213 Ocurrencias con Jacques Lacan”, Sitesa, México, DF, 1992
[2] Silvio Mattoni en Guy Le Gaufey: El notodo de Lacan. Consistencia lógica, consecuencias clínicas, Ediciones literales, Teoría y ensayo, Buenos Aires, 2007
[3] Jean Louis Sous en su reciente seminario en México, Clínica del cuadro, abrió esa vertiente del cuadro clínico.
lunes, abril 07, 2008
Juan Rulfo: el encomendero/ el cacique, discurso del amo en México
(El estudio del psicoanálisis es una cuestión local y localizable, lugar por lugar, historia por historia. El discurso del amo estudiado por Lacan, tiene una forma singular, y particular, de efectuarse en nuestro país debido a la dominancia del discurso del amo de la conquista -el amo antiguo- combinado hoy, con el discurso del capitalista, de ahí el despliegue que nos propone Federico Campbell que a continuación les presento; él subraya las consecuencias "inconscientes" de la cuestión en juego. A este intelectual se debe la circulación en nuestra país de La invención de la soledad, de Paul Auster)
La hora del lobo. El encomendero de Bucareli
Federico Cambell
“Pedro Páramo es un cacique. Eso ni quien se lo quite. Estos sujetos aparecieron en nuestro continente desde la época de la Conquista con el nombre de encomenderos. Y ni las leyes de Indias, ni el fin del coloniaje, ni aun las revoluciones, lograron extirpar esta mala yerba”. Juan Rulfo
La procedencia nacional y familiar del incombustible secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, hace inevitable -por una elemental asociación de ideas e indignaciones- pensar en la figura colonial del encomendero español. Lo dice, desde el más allá de las letras, Juan Rulfo: "Aún en nuestros días, los hay [encomenderos] que son dueños hasta de países enteros; pero concretándonos a México, el cacicazgo existía como forma de gobierno siglos antes del descubrimiento de América, de tal suerte que los conquistadores españoles sólo echaron raspa, es decir, les fue fácil desplazar al cacique para tomar ellos su lugar. Así nació la encomienda y más tarde la hacienda con su secuela de latifundismo o monopolio de la tierra."
El descubrimiento del encomendero por parte de Rulfo es una deducción natural que se le ocurrió a él veinte años después de haber escrito Pedro Páramo. Rulfo leyendo a Rulfo. El lector Rulfo entrevé en su propia novela la memoria colectiva que comporta un personaje, el cacique, no colocado allí -en la novela- de manera consciente. Entre el cacique de los señores mexicas, el encomendero de la Nueva España, y el regreso del capo contemporáneo que define un modo de ser político, Rulfo discierne una concatenación histórico social que se cumple en Pedro Páramo.
Juan Rulfo tenía un gran conocimiento de la historia de México y situaba en el siglo XVI, más que en ningún otro siglo, el origen de muchos de nuestras actitudes políticas inconscientes: "Yo soy de una zona donde la conquista española fue demasiado ruda. Los conquistadores allí no dejaron ser viviente. Entraron a saco, destruyeron la población indígena, y la región fue colonizada nuevamente por agricultores españoles. Entonces los hijos de los pobladores, sus descendientes, siempre se consideraron dueños absolutos. Se oponían a cualquier fuerza que pareciera amenazar su propiedad. De ahí la atmósfera de terquedad, de resentimiento acumulado desde siglos atrás, que es un poco el aire que respira el personaje de Pedro Páramo desde su niñez."
La encomienda se instauró primero allá en España: era la delegación del poder real para cobrar tributos y utilizar los servicios personales de los vasallos del rey y, por extensión, en la Nueva España la figura del encomendero sirvió a los españoles para hacerse de mano de obra gratuita y ocupar el lugar de los caciques prehispánicos. Este resabio feudal, el derecho del señor sobre sus siervos, se trasplantó al Nuevo Mundo y a los conquistadores se les permitió explotar los servicios personales de los indios como compensación por enseñarles la religión católica. Un subterfugio de la esclavitud. Medio siglo de agitaciones fue necesario antes de que la Corona y Fray Bartolomé de las Casas suprimieran el aspecto más discutible de la encomienda: el privilegio de utilizar a los indios como esclavos, y finalmente el sistema fue reducido a una especie de paternalismo.
La historia sabe. De tanto en tanto se da una extraña circularidad y los personajes vuelven. Como fantasmas sin compasión se agandallan los tesoros del mar para beneficio de sus familiares en esa mesa de diez comensales que es México. De un lado cuatro comen muy bien, tienen médicos, escuelas, universidades, aviones, departamento en Orlando, gasolineras, chalet en Vail, empresas petroleras, cuentas en el Chase Manhattan Bank de Nueva York, en Houston o en Miami, o en Madrid o en el Wells Fargo de San Diego. Los otros seis apenas comen porquerías, no tienen hospitales ni escuelas ni universidades, ni medicinas, ni zapatos ni balón de futbol. Sus hijos y sus nietos tampoco lo tendrán.
Y no se necesita ser un lince para darse cuenta de que un zorro es mucho más astuto que una lombriz. Más que un encomendero en Gobernación (el equivalente al Ministerio del Interior de muchos países) lo que se necesita allí es un zorro. Porque la principal cualidad del político es la astucia, no la inteligencia. En ese cuartel general, o "cuarto de guerra" (según traducción literal del inglés) han estado toros muy bravos. ¿Por qué? Porque ese escritorio requiere de una gran imaginación conspirativa para fintar primero y luego embestir. Sin piedad. Es un puesto extremadamente delicado, es el centro del sistema neurálgico del país, es al mismo tiempo el lado derecho e izquierdo del cerebro porque sus decisiones suelen ser muy finas, como las de un neurocirujano o un capitán de barco o un piloto de jumbo jet. Desde la secretaría de Gobernación, el zorro ve al país como si sus habitantes estuvieran en una pecera. Imposible sobrevivir sin una inteligencia maquiavélica o sin el temple parea mandar matar si es necesario (por razones de Estado). Y aquí es cuando hace falta la experiencia y la verdadera, auténtica vocación política, la sensibilidad para intuir los signos de la explosión social. Lo hicieron Richlieu, Disraeli y Talleyrand, el mago de la diplomacia napoleónica. Una decisión equivocada puede tener consecuencias muy graves para toda la población: un exceso de soberbia, por ejemplo, una mala lectura de los acontecimientos, una represión sangrienta de más que puede dejar el llano en llamas.
miércoles, abril 02, 2008
Una mujer: el logos ante el racismo y la xenofobia social
[En este artículo usted puede seguir como ciertos elementos de la vida cultural, política y social unen lugares tan "distantes" -y tan cercanos- como Argentina y México. Editamos aquí en una versión "mexicana" el texto de un ensayista y crítico, José Pablo Feinmann. Cualquier semejanza con nuestra actualidad es nada más y nada menos que una pura coincidencia. Alberto Sladogna)
El logos de Cristina Fernández de Kirchner.
José Pablo Feinmann,
(Texto editado el 30/03/2008. Filósofo, ensayista e editorialista del periódico de Buenos Aires, Argentina “Página12”)
Las polémicas son sanas hasta cierto punto. Después, llega un momento en que uno se dice: “Ya no vale la pena: ni yo la voy a cambiar ni a modificar en algo a fulana ni ella me va a modificar a mí”. Luego de cruzarnos un par de veces en los setenta (cuando los dos éramos militantes en algún grupo del peronismo o cercano a él), luego de haber sido jurados en un concurso de cuentos sobre derechos humanos a comienzos de 1984, luego de haber participado en un congreso en Maryland sobre la recuperación de la democracia y de haber ido a escuchar buen jazz en Georgetown, luego de haber tenido una conversación en la confitería La Opera en 1989, luego de que me invitara y yo gustosamente fuera a un aniversario de Punto de Vista en 1998, y también: luego de haber compartido muchas cosas, mi alejamiento con Beatriz Sarlo fue cada vez mayor[Una militante política e intelectual argentina que estudia y estudio los temas culturales de la Argentina, en particular después de la dictadura militar] . Mis diferencias no provienen de sus modalidades personales: a mí me gusta cómo es Beatriz, ese tono medio tepito que tiene, su humor, su erudición, su inteligencia. Recuerdo una noche –creo que de 1994– en que Alfaguara presentó los cuentos completos de Cortázar en el ICI, tocó el piano Gandini y, no bien se fue, me atreví y toqué yo. Recuerdo a Filippeli que, hacia el final, me pidió: “Tocá ‘El hombre que amo’, José”. Y hasta recuerdo que me sorprendió que me pidiera justo la canción de Gershwin que más me gusta y que mejor solía tocar. Pero: la cosa es ya difícil, porque todo eso quedó atrás. Aclaro: esto no es una polémica. Sólo quiero decir, antes de marcar mis duras diferencias con un artículo que publicó en La Nación [El periódico “Reforma” o “El Norte” son una “versión” mexicana de ese estilo de periódico], todo lo que nos unió, los lugares similares de los que venimos, y que, en rigor, debiéramos poder dialogar y hasta ser medio amigos. Pero Beatriz se ha ido tan lejos, se ha llenado de tantos odios, se ha ido tan a la derecha y a sus medios, que son poderosos, que sólo falta que se aparezca en Rosario junto a Vargas Llosa. Ella, que insistía desde Punto de Vista [Una revista de ensayos y de crítica] de en definirse constantemente como “una intelectual de izquierda”, ya no es sólo un cuadro intelectual de la derecha, ya es un cuadro de la oligarquía, una militante agraria [Se trata del conflicto que la Sociedad Rural Argentina, organismo de los grandes propietarios de tierras sostienen contra el gobierno encabezado por Cristina Fernández Kirchner, conocidos en la Argentina desde inicio del siglo XX como la “oligarquía”]. O lo fue la noche en que se entremezcló con las señoras de las exquisitas cacerolas, las cacerolas VIP, para aconsejarlas.
La cosa es que en un artículo del 27 de marzo, como columnista de La Nación, escribió que los cacerolistas del campo fueron agredidos por el peronismo. Es una pena que una mujer de la inteligencia de Sarlo se encrespe tanto, se enfurezca con el peronismo y se convierta en una antiperonista, camino del que no se retorna, porque el antiperonismo es el atajo más efectivo para terminar en la derecha, rodeado por lo más reaccionario del país. Si leyera el Suplemento sobre peronismo que publico en este diario –posiblemente lo lea– vería cómo un tipo que fue peronista puede hoy no serlo pero sin pasarse al bando gorila [Expresión popular surgida en la época de los primeros gobiernos de Perón para denominar a los opositores, una forma de indicar el carácter animal, que aquella época y hoy tienen sus posiciones políticas]. Se puede ser un peronista desgarrado, con montones de ilusiones rotas encima, con pocas ilusiones nuevas, pero no un gorila: eso creo ser yo. (Aunque para muchos peronistas sea un gorila, así es este país. Hay un libro que se llama: Manual del antiperonismo ilustrado. Ese, entre otros, sería yo. El tipo me llena de insultos. Algunos son muy ingeniosos.) Un peronista que poco cree en Perón pero no niega que eso que llama “la gran novela del peronismo” es mucho más que él y que vale la pena narrarla, de tanta pasión, de tanta tragedia que hay ahí. Pero gorila, y desde los medios del antiperonismo tradicional, desde los medios del poder agrícola, desde los medios de las grandes corporaciones, no, nunca [En el periódico La Nación suelen escribir periodistas que eran voceros e intelectuales de la dictadura militar, como por ejemplo, Mariano Girondina, quien reivindicó la “razón de estado” para dar las “razones” del terrorismo militar que aniquilo a cerca de 30 mil jóvenes opositores, muchos provenientes de las filas del peronismo]. Es difícil, pero es posible. Sé que me dicen “kirchnerista” y Kirchner sabe que no lo soy, y eso a veces le da una bronca considerable y a veces, creo, me tiene estima. (Si es que tiene tiempo para pensar en mí.) Pero vamos al texto de Sarlo: Se presenta como una veterana de las manifestaciones, cosa que es. Sarlo ha sido, desde las movilizaciones revolucionarias de los setenta hasta los cacerolazos VIP de hoy, una experta en movilizaciones. Al serlo, está capacitada para orientar a estos nuevos, iracundos, representantes del descontento social. Le dice, entonces, “a una señora que caminaba con su cacerola y con su hija de seis o siete años” que se vaya porque “van a empezar las piñas” [Las “piñas” = madrazos]. “La señora quedó estupefacta.” ¿Cómo, nos van a pegar a nosotros? Y sí, señora, habría que decirle, pues Sarlo no parece habérselo dicho, eso puede pasar en una manifestación. Usted, ante todo, no tendría que haber traído a su hija de “seis o siete años” porque en cualquier momento se aparecen unos nacos peronistas y les rompen la jeta [la cara] a usted y a su hijita. ¿O no se lo han dicho? Estos gronchos [“negros”;”grone”= nacos], querida, son capaces de todo. Por ahí, la volvés a encontrar dentro de cinco años laburando de prostituta en una villa.
Sarlo sabe de lo que habla. Yo también respeté excesivamente (es decir, les tuve miedo) a las patotas de la Juventud Sindical y del C de O en los setenta [grupos de porros, origen de los grupos para militares previos a la dictadura de Videla], que eran durísimas, que ejercían el peor porrismo. Los peronistas vienen de abajo. Si el peronismo nunca “se porta bien” es porque representa, desde Perón y Eva, a la negritud de este país, a los cabecitas [nacos], a los grasitas [despectivo para hablar de la raza que emplean los gorilas], a los que les armó sindicatos, y esta gente, vea, tiene malos modales: si, por ejemplo, ven a una señora, con una nena, golpeando una cacerola Marmicoc [marca de olla a presión cuyo costo es elevado y poseerla da estatus social] con un cucharón de bronce se van a enfurecer. Seguro que le apañan la cacerola Marmicoc y, ya se sabe, a la nena también. Pero Sarlo debió haberle dicho a la señora que había unos cuantos neonazis en la manifestación. Y que esos fuertes chicos de Belgrano y Recoleta [barrios de clases adineradas] acaso pondrían en su lugar a los negros de la provocación. A quienes Sarlo enfrentó y les dijo en la cara: “Esto es una provocación”. Ahora, ¿lo otro no es una provocación? Cortar las rutas, cuando las cortan los agraristas, no es una provocación. Pero no: no pienso ir por aquí. Sigamos: Sarlo encuentra a otra señora (o la inventa, un recurso literario válido) y le hace decir que Cristina F. no fue “una dirigente política en su juventud”. (¿Alguna prueba de esto, Sarlo, o sólo el valiente testimonio agro-gorila de la señora?) “Porque”, sigue la señora que cita Sarlo, “a los de la JP había que ganarles una discusión”. Ya lo creo, señora: y tanto, que, en lugar de discutir, porque sabían que perdían, al final los mataron a todos, a los clandestinos, a los de superficie, a los hermanos, a los primos, a los que alfabetizaban en las villas, a los que pintaban casas de pobres, a los obreros de las comisiones internas, se les quedaron con los hijos, etc. [Esta operación dio como resultado los 30 mil desaparecidos en Argentina] Todo por no poder discutir con ellos. En cambio, Cristina F. sobrevivió. ¿Saben por qué? La señora agro-gorila (que habla por medio de la pluma de Sarlo) tiene la respuesta: “porque esta mujer nunca le ganó a nadie una discusión mano a mano”. ¡Claro! Por eso los militares la dejaron viva.
Me apena, Beatriz, y me da coraje también que tu gorilismo haga de mí forzosamente un peronista. Porque ya no quiero serlo. Me gustaría ir más allá. Avanzar, pero sobre esa base, eh. No negándola neuróticamente. En la Argentina, un partido de centroizquierda (que es lo más que podríamos lograr, y no la reforma agraria como piden los eternos despistados) no debiera desconocer algunas cosas que el peronismo hizo, y debiera abominar de otras: del Perón que puso a Villar (asesino educado por los paras franceses, formado para la tortura en la Escuela de las Américas, el que rompió con una tanqueta las puertas del Partido Justicialista[nombre oficial del partido peronista] en donde eran velados los muertos de la masacre de Trelew[cárcel de una base de la Marina Argentina, donde alrededor de 22 militantes revolucionarios fueron fusilados en sus celdas so pretexto de un intento de fuga, recién hoy, se comienza juzgar a los responsables de esa matanza]) en la Jefatura de Policía, del Perón que pidió que ficharan a la periodista Ana Guzzeti porque le había hecho una pregunta incómoda ¡en una conferencia de prensa! (¿Ves? Será por eso que K [abreviatura de Kirchner, el anterior presidente de Argentina] no las hacía. A ver si le surgía el Perón que todos llevan dentro y pedía que lo ficharan a Morales Solá.) Pero eso es lo que me molesta de los gorilas: son tan cerradamente antiperonistas, tan intolerables en su odio de clase o en la negación de su pasado, que la creatividad se les torna imposible. (Sarlo ha dicho que reniega de todo lo que escribió antes de 1980, creo que ésa era la fecha, cito de memoria, ¿cómo es posible eso, cómo es posible cercenarse así? ¿Por qué, porque acompañó al peronismo en ciertos trechos, porque estuvo en el Partido Comunista Revolucionario apoyando a Isabel Perón [ex presidenta, juzgada hoy por su complicidad con el terrorismo previo a la dictadura militar] pero con la comprensible actitud de bloquear el golpe?) El gorila te obliga a defender al peronismo. Porque te das cuenta en seguida de lo que siempre está detrás del gorila: nosotros, te dicen, no somos ellos; no somos los nacos, las clases inferiores, la barbarie que describió Sarmiento [autor de “Civilización o barbarie”]. Somos cultos, somos blancos, somos educados y si no lo entienden los vamos a matar a todos de nuevo. Porque también –desde Ambrosio Sandes, Paunero e Irrazábal hasta Videla– somos los que mejor y más hemos liquidado gente en la Argentina. El primer peronismo, señores, con todo lo autoritario y enemigo de la democracia que fue, tuvo un solo, lamentable muerto: Ingalinella [militante comunista asesinado durante los primeros gobiernos de Perón]. Después vino la Triple A: que mató peronistas, a Troxler, a Atilio López y a valiosos hombres de la izquierda como Silvio Frondizi [AAA=Alianza Anticomunista Argentina, patrocinada por el gobierno de Perón y luego por el de Isabel Perón]. Pero sobre todo: peronistas, cuadros de la Juventud Peronista, clandestinos y de superficie. Pero la patria agraria y financiera que respaldó a Videla y Martínez de Hoz arrasó con una generación completa. Estoy harto de discutir con gorilas, Beatriz: no quiero defender al peronismo. Quiero pensarlo. El gorila, con su odio, te impide pensar.
En cuanto a Cristina Fernández, Sarlo dice, con frialdad, que “se dice” que “habla bien”. Reconoce que habla “de corrido”, que no vacila y que no se confunde “con los tiempos de los verbos”. Eso solo, Beatriz, haría de Cristina F. uno de los presidentes o de los políticos más insólitos de nuestra historia. Pero discrepo con Sarlo: Cristina F. no habla bien por no confundir los tiempos de los verbos, habla bien porque dice verdades que pocos se atreven a decir. Porque tiene razón es que habla bien. Porque hoy, ante este semigolpe institucional, ante este odio de clase, ante esta bronca que le tienen a este gobierno (sobre todo, como bien dice ella, por su política de derechos humanos), que los proto-golpistas califican de “revanchista”, “montonero” y “terrorista”, elementos de los que dicen se compone, la Presidenta no se amedrenta y les dice a los agro-piqueteros que son los “piquetes de la abundancia”. Y algo impecable, de una enorme justeza para definir la “tragedia” de los grandes productores (los pequeños es otro asunto que habrá que diferenciar): que el problema que tienen, dice Cristina F., la causa por la que luchan, reside en que si tienen tres 4x4 jamás aceptarán el despojo de tener sólo dos [En la Argentina, como en nuestro país ya tener una 4x4 es muchísimo]. Por eso habla bien Cristina F. Porque habla instrumentando el sentido que los griegos y toda la tradición de la filosofía de Occidente hasta Heidegger da a la palabra logos. Logos es pensamiento, concepto, discurso, razón. Y, muy especialmente para el tema que tratamos, logos es inteligencia. ¡Esto es un escándalo! El agro-golpismo, los ilustrados de la derecha y hasta los malhablados de las radios enfrentan hoy a una peronista que no sólo es inteligente, sino, además, mujer. Este “escándalo” los tiene locos. No lo pueden tolerar. Cristina F. tendrá que usar largamente su logos para que lo toleren, para que lo entiendan. De ahí, no de ellos, surgirá la estabilidad y la fuerza de la democracia argentina.
martes, marzo 04, 2008
Juan Camilo Mouriño-Carlos Abascal conmemoran el 103 aniversario de FAMILLONARIO,FAMIGLIONARIO: FAMILIA + MILLONARIO (FREUD,1905)*
El chiste es el sacerdote disfrazado que casa a cualquier pareja…Casa de preferencia a aquellas parejas cuya unión los parientes no consentirían. Jean Paul/ Theodor Vischer
A partir de la instalación de la “familia revolucionaria”, el significante “familia” opera como un significante amo, incluso como un significante de los amos, al menos de los amos revolucionarios surgidos del sistema de caudillos de la revolución mexicana. Una revolución que se levantó contra un amo cuya reelección parecía tomar un carácter perpetuo (Porfirio Díaz), así la “familia revolucionaria”; la “familia financiera e industrial”, la “familia intelectual” fueron quienes asumieron el carácter perpetuo, mientras que sus miembros rotaban en las funciones públicas y privadas, más bien en las funciones públicas arropadas bajo las formas privadas de la familia.
Aclaro, además, que esta línea del negocio prácticamente no ha crecido desde su inicio. La expansión del grupo empresarial se ha dado en la administración de franquicias y en negocios inmobiliarios desde mucho antes que yo ingresara al servicio público. Resulta mezquino que se me acuse de beneficiarme económicamente de la política, cuando fue justamente la política la que me motivó a renunciar a un patrimonio legítimo, producto del esfuerzo personal y familiar. No perderé el tiempo debatiendo públicamente con mis detractores. Hoy tengo a mi cargo responsabilidades muy importantes para el país que no merecen distracción alguna.
Sólo que…sólo que Abascal como buen católico no sólo reza sino que también está atrapado por el lenguaje, y el lenguaje, de manera semejante a Dios, es omnipresente, está en todos lados, de todo se entera y en todo se inmiscuye sin pedir permiso. De ahí que Dios como el inconsciente son instituidos por el lenguaje. Dejemos de lado su teoría lingüística, según la cual el lenguaje es una etiqueta que pega a los objetos el nombre con que los designa, eso lo haría de manera natural, de acuerdo a su teoría, los objetos fabrican las etiquetas que se les aplica debido a su pregnancia natural.